5.10.15

Premios. Awards.

Premio Mozarteum 2008
Premio Cátedra Alfredo Kraus Escuela Superior Música Reina Sofía
Premios Asociación Nacional de Intérpretes y Ejecutantes AIE

Premio Extraordinario Licenciatura Universidad Complutense
Premio Extraordinario de Doctorado Universidad Complutense Madrid
Premio Très honorable Doctorado Universidad Nouvelle Sorbonne Paris

Premios Literarios (Editorial Alfaguara, cuento y otros)
Premio Cruz Roja (Prevenir en Madrid. Premios Reina Sofía)
Premio Nacional Cultura Viva 2015
Premio Prevención acoso escolar. Federación Municipios y Provincias 2016

Premio de Excelencia Docente UCM 2012-13
Premio de Excelencia Docente UCM 2013-14
Premio de Excelencia Docente UCM 2014-15

































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17.6.15

Joaquín Aguirre (CV)

Joaquín Aguirre

Universidad Complutense de Madrid

aguirre@ccinf.ucm.es

Ha sido durante 20 años docente del área de Filología, profesor Titular de Literatura Universal Contemporánea. Es Doctor en Ciencias de la Información con una tesis teórica sobre las relaciones entre el Cine y la Literatura. Es profesor del Máster Universitario en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación y del Máster Universitario en de Escritura Creativa, ambos de la UCM. Imparte en el Grado de Periodismo la asignatura "Teoría de la Información". Ha impartido clases de "Literatura Universal Contemporánea", "Literatura y Medios Audiovisuales", "Teoría y práctica de la edición digital", "Soportes de la Comunicación del Texto Literario". Ha sido profesor visitante en la Universidad del Estado de México (México), U. Diego Portales (Chile), U. de El Cairo (Egipto), Córdoba (Argentina). Codirector del Grupo de Investigación de la UCM "Grupo de Estudios de la Cultura Popular en la Sociedad Mediática", que ha organizado congresos en el centenario de Charles Darwin (es editor de sus actas, "Darwin en la ficción"), sobre Edgar Alan Poe ("Monstruo-Poe: la racionalidad morbosa"), columnismo femenino "La opinión diferenciada"). Editor fundador de la revista digital Espéculo (UCM), creada en 1995 y que continúa actualmente su publicación. Es editor de obras colectivas sobre Marshall McLuhan y Gregory Bateson. Editor de diversas actas de congresos. Forma parte de comités editoriales de revistas de México, Colombia, Rumanía. Codirector del Taller de Escritura Creativa de la Fundación de la Universidad Complutense de Madrid. Escritor. Ha publicado el libro "14 cuentos náufragos" (en proceso de traducción al rumano) y diferentes relatos en revistas literarias de España, México y Estados Unidos. Bloguero. Su blog personal "Pisando charcos" es de escritura diaria sobre cultura, medios y política. Es editor del blog cultural "El juego sin final" Gestiona diversas páginas en las redes sociales: "Egipto para el siglo XXI" o "Periodismo: el valor de una profesión". Crítico literario. Ha realizado crítica de literatura contemporánea durante más de 20 años en diferentes publicaciones. Investigación en Teoría y Crítica Feminista Ha trabajado desde mediados de los años 90 en aspectos relacionados con la Nuevas Tecnologías y la Teoría Hipertextual. Es experto en edición digital. Publicaciones recientes "Hacia una lectura universitaria y otros escritos hermenéuticos" (teoría literaria y hermenéutica); estudio introductorio a "Emperador y Galileo", Henrik Ibsen (crítica literaria)

























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"La Ópera de Laia Falcón", Joaquín Mª Aguirre.





Mediaciones Sociales , Nº 13, año 2014, pp. 241-244. ISSN electrónico:

1989-0494.

BIBLIOTECA


FALCÓN, Laia (2014): La ópera. Madrid: Alianza

Editorial. 334 pp
.


El libro de Laia Falcón es un magnífico libro.
Le mandé un mensaje cuando comencé a leerlo, con una veintena de páginas leídas y lo he podido confirmar a falta de unas pocas para terminarlo. Es un buen libro y un libro diferente. Lo que voy a tratar de señalar es precisamente por qué lo considero «bueno», es decir, por qué lo he disfrutado.
No creo en los cánones, pero sí creo en la experiencia y en la posibilidad de la experiencia compartida, que es como decir que puede ser un libro que pueden disfrutar muchos otros.
No todos los libros son así, como ocurre en la música, las películas o cualquier otro arte. Pero este libro tiene una virtud muy sencilla: se aprende algo en sus páginas de una forma que me resisto a llamar «fácil», que me parece una de las palabras más equívocas que los críticos y los editores utilizan con excesiva ligereza. La importante es aprender, que es pasar de la ignorancia al conocimiento esperanzado de querer saber un poco más de algo que nos ha atraído.
¡Es tan difícil sentirse atraído por algo que merezca la pena en este mundo de centellas y neones, que se agradece el que nos acerquen a un mundo en el que descubrir cosas que merezcan la pena!
El libro de Laia Falcón no es un libro de historia de la ópera; es una obra de ópera como historia, es decir, como un reflejo de todo lo que ocurre a su alrededor desde su nacimiento; cómo se altera el mundo con la llegada de un arte nuevo y cómo se altera un arte en contacto con el mundo. Por eso no es un libro ni erudito ni pedante, que son los dos males que acechan siempre en estos géneros. Es un libro que nos cuenta la historia de la ópera escapando de los modelos convencionales. No es un repertorio de obras en el tiempo; tampoco una
sucesión de vidas ilustres destinadas a cumplir algún destino escrito en el origen de los tiempos. En realidad dudo que sea un “libro de historia”. Más bien es un libro sobre cómo se desarrollan las formas al hilo de las necesidades y los gustos, que son los dos grandes motores sociales. Quizá en el fondo, como en otras facetas de la vida, sean casualidades que prosperan, mutaciones que se producen en momentos afortunados y no un impulso que lleva al infinito siguiendo alguna ley.
En el libro se explican cosas que van más allá de las historias oficiales, que se cuidan de los detalles: la megalomanía de algunos hizo construir teatros enormes y eso obligó a cambiar las voces, a educarlas de otra manera. Todo es interacción, sistema. La ópera no es un monstruo indiferente que camina hacia el futuro, sino un elemento que está en transformación recogiendo lo que le rodea: las modas, los caprichos, el exhibicionismo, las vanidades, el divismo... Y de todo esto surge una forma, un lenguaje que habla a cada momento.
Entre las muchas virtudes que tiene el texto, está la de no hacernos perder el sentido de la ópera, de lo que es, pero también de lo que será y de lo que ha sido en muchos momentos. No hay una historia lineal sino una constante adecuación de lo que vemos a nuestros ojos de hoy, a nuestra comprensión. Somos los nietos y los tataranietos de los que vemos; somos lo que somos por ellos y lo que ellos hicieron llega hasta nosotros de una determinada manera. Eso hace que haya una actualización a nuestra comprensión de hoy, un constante ir y venir hasta nuestra sensibilidad, porque somos nosotros los que tenemos que comprender lo que otros vivieron.
En este sentido, la obra es modélica y va más allá de una historia divulgadora  de la ópera; es una historia de la cultura porque no existen formas ni mucho menos artes aisladas. Son siempre respuestas al momento y dependen del gusto de la época. Para mí este es uno de los valores más reseñables de la obra. Es haber logrado una salsa que liga los diferentes sabores permitiendo apreciar los ingredientes en su textura. Eso es muy difícil y más todavía hacerlo en trescientas veinte páginas. No hay notas en esta obra; hay, en cambio, una lectura fluida, con una complicidad llena de sentido del humor, de ironía, de complicidad con el lector de hoy. Hay momentos en que escucho la voz de Laia Falcón cuando estoy leyendo. Su voz resuena en mi mente en esas frases y expresiones entre guiones que salpican la obra y que son de carácter irónico muchas veces para hacer que sintamos la complicidad desde el presente del
autor, que es el nuestro. No hay sacralización ni del objeto operístico ni de la historia misma. Por el contrario, lo que se muestra es esa comprensión de los entresijos de su devenir. Hay que comprender cómo fue para entender lo que es. En esto son fundamentales las especiales circunstancias de la autora, su conocimiento de lo que está hablando desde una perspectiva diferente a la habitual. No es una erudita que se ha encerrado a reunir datos; no es alguien que se dedica a juzgar desde teorías especulativas. Es alguien que vive este arte desde dentro, literalmente, desde el canto dramático, es decir, desde la interiorización necesaria, desde la conexión comprensiva que da el acercamiento al personaje. Laia Falcón, cuando canta, ve la totalidad de la obra desde dentro, desde la mente del personaje, sintiendo que es llevado por él cuando está bien construido o que tiene que llevarlo a rastras cuando es artificial. Por eso quizá, la obra se titule «La ópera. Voz, emoción y personaje». Se podía haber llamado de muchas maneras, pero se llama así. Voz, emoción y personaje son las tres dimensiones, las 3D, que requiere el cantante para dejar de sentir él y poder perderse en las tormentosas o plácidas vidas de esos seres alumbrados por la imaginación y llevados a un escenario. Los tres elementos juntos, en armonía, son los que crean las grandes obras y es lo que une la música. La ópera pagó los excesos de la voz frívola y exhibicionista; del sentimiento exagerado y de la inconsistencia narrativa.
Las buenas obras son las que logran la unidad y de alguna forma es lo que atisbaron algunos y unos pocos lo lograron. ¿Cuántas obras son recordadas por un aria, incluso por la obertura? Las grandes obras, en cambio, son las que nos invitan a contemplarlas orgánicamente. Es la música, pero es la historia; es el canto, pero es la coherencia expresiva del personaje. Laia Falcón va desplegando esa voluntad de coherencia histórica que hace que un arte que nace de una forma extraña, se vaya adecuando, vaya encontrando su propio sentido y forma armoniosa como totalidad. Vamos comprendiendo cómo ese es su devenir, superar su propia fragmentación inicial, su dispersión, las polémicas sobre las lenguas que se deben usar, sobre los recitativos, sobre los géneros, sobre las paletas sonoras, sobre los temas que se han de tratar, etc., hasta llegar a unas óperas que se adecúen a su tiempo representándolo, dándole su propia voz. Pasamos de la mitología hasta encontrarnos a nosotros mismos, los de entonces, en el escenario con La Traviata. Pasamos de un divertimento cortesano con nobles compitiendo para mostrar su poderío ostentoso a la redención wagneriana del mundo hasta un falso final.
No es fácil hacer historia así, quizá por eso no es el género seleccionado. Y todo esto lo comprendemos de forma fluida, recibiendo las informaciones necesarias en cada punto; acelerando cuando es necesario y recreándonos en los momentos en que se produce un hito.
Es la «ópera», sí; pero la ópera en el mundo y para el mundo, una forma artística que encontró su acomodo antes de las formas masivas de entretenimiento que hoy tenemos. La ópera, como todo lo que se subía a un escenario, acaba siendo acogido por el pueblo como suya. Y, como se nos cuenta en la obra, el mismo pueblo se ganó su puesto en el interior a través del coro, donde era representado.
Hoy la ópera es un fenómeno extraño, como también se nos cuenta. Lo que se canturreaba entonces por las calles se reserva hoy para unos públicos y unas condiciones de consumo cultural muy distintas a las que existieron en su desarrollo. Creo que esta obra en una herramienta muy adecuada para tratar de romper esa distancia y permitir comprender la belleza de otro tiempo.
La lucha del gusto es poder romper lo que el momento le ofrece y adentrarse en las formas de belleza que configuran nuestra tradición cultural. Hay inmensos mares de belleza por recorrer en todas las artes a los que no nos acercamos simplemente porque no los consideramos de nuestro tiempo. Pero solo comprendemos el tiempo que vivimos si tenemos alguna clase de perspectiva histórica y esa es la que necesitamos para romper nuestras barreras de cristal. Esos mares de belleza están un poco más allá de nuestros apañados charcos navegables. Mucho de esa distancia está provocada por los estragos educativos,
que se empeñan en acercarse al pasado de una forma museística y no como experiencia estética.
Creo que la obra de Laia Falcón tiene el gran acierto de la pasión por lo que
hace y vive, que es la ópera, como lo son otras cosas. Las personas apasionadas
se apasionan; los demás esperan inútilmente a que algún tipo de milagro comercial les saque del sopor de la rutina.
El arma más poderosa de un educador es el entusiasmo, que se transmite de forma indirecta, no con grandes exclamaciones, aspavientos ni ojos en blanco. Esto no es un libro de texto, invento infernal, sino un libro inteligente, muy inteligente, en el que como dije antes, se aprenden muchas cosas en cada página. No solo de la ópera, sino del mundo que la hizo posible y de lo que la ópera nos hizo a nosotros.

en la presentación del libro "La Ópera" en la Universidad

*Joaquín Aguirre

Universidad Complutense de Madrid

aguirre@ccinf.ucm.es

Ha sido durante 20 años docente del área de Filología, profesor Titular de Literatura Universal Contemporánea. Es Doctor en Ciencias de la Información con una tesis teórica sobre las relaciones entre el Cine y la Literatura. Es profesor del Máster Universitario en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación y del Máster Universitario en de Escritura Creativa, ambos de la UCM. Imparte en el Grado de Periodismo la asignatura "Teoría de la Información". Ha impartido clases de "Literatura Universal Contemporánea", "Literatura y Medios Audiovisuales", "Teoría y práctica de la edición digital", "Soportes de la Comunicación del Texto Literario". Ha sido profesor visitante en la Universidad del Estado de México (México), U. Diego Portales (Chile), U. de El Cairo (Egipto), Córdoba (Argentina). Codirector del Grupo de Investigación de la UCM "Grupo de Estudios de la Cultura Popular en la Sociedad Mediática", que ha organizado congresos en el centenario de Charles Darwin (es editor de sus actas, "Darwin en la ficción"), sobre Edgar Alan Poe ("Monstruo-Poe: la racionalidad morbosa"), columnismo femenino "La opinión diferenciada"). Editor fundador de la revista digital Espéculo (UCM), creada en 1995 y que continúa actualmente su publicación. Es editor de obras colectivas sobre Marshall McLuhan y Gregory Bateson. Editor de diversas actas de congresos. Forma parte de comités editoriales de revistas de México, Colombia, Rumanía. Codirector del Taller de Escritura Creativa de la Fundación de la Universidad Complutense de Madrid. Escritor. Ha publicado el libro "14 cuentos náufragos" (en proceso de traducción al rumano) y diferentes relatos en revistas literarias de España, México y Estados Unidos. Bloguero. Su blog personal "Pisando charcos" es de escritura diaria sobre cultura, medios y política. Es editor del blog cultural "El juego sin final" Gestiona diversas páginas en las redes sociales: "Egipto para el siglo XXI" o "Periodismo: el valor de una profesión". Crítico literario. Ha realizado crítica de literatura contemporánea durante más de 20 años en diferentes publicaciones. Investigación en Teoría y Crítica Feminista Ha trabajado desde mediados de los años 90 en aspectos relacionados con la Nuevas Tecnologías y la Teoría Hipertextual. Es experto en edición digital. Publicaciones recientes "Hacia una lectura universitaria y otros escritos hermenéuticos" (teoría literaria y hermenéutica); estudio introductorio a "Emperador y Galileo", Henrik Ibsen (crítica literaria)

29.5.15

Laia Falcón, Zaragoza, Mayo 2015

“ … Como soprano solista tuvimos el lujo de disfrutar de Laia Falcón, absolutamente adecuada para una obra así; su dicción inglesa es impecable y su registro vocal lo suficientemente amplio como para sortear las muchas dificultades de la partitura. Estuvo especialmente acertada en el recitado, en el extremo grave de su registro, en la última pieza de la obra. En general, se notó que la obra había sido muy trabajada y que, aparte de una buena cantante, Falcón, es una gran música. Olives y Enigma estuvieron certeros en una obra muy exigente tanto a nivel técnico como expresivo ...”

Juan Carlos Galtier
Heraldo de Aragón
Concierto del 25 mayo 2015


Laia Falcón, Juan José Olives, Drupo Enigma. Sobre dibujo de Santiago Ríos (http://chordon.blogspot.com.es)























































































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6.5.15

Lectura de La Ópera de Laia Falcón

LAIA FALCÓN. LA ÓPERA. VOZ, EMOCIÓN Y PERSONAJE

La autora plantea, más que una recopilación de datos o un frío análisis académico, una narración fresca y novelada en la que la peculiar y mutante protagonista, la ópera, va sorteando toda clase de aventuras y desventuras desde el siglo XVII hasta nuestros días.
Cabecera-La-ópera-Laia-Falcón-Alianza-Lvú
La-ópera-Alianza-portada-LVúOriginal, ameno, cercano y simpático el acercamiento a la historia del arte lírico el que propone Laia Falcón enLa ópera. Voz, emoción y personaje, tercer título junto a El piano. 52 + 36 de Justo Romero y El cuarteto de cuerda. Laboratorio para una sociedad ilustrada de Cibrán Sierra, con los que la editorial Alianza abre una interesante y reivindicable rama musical en su catálogo.
La autora de este título –cantante, Doctora en Sociología del Arte por la Universidad Sorbonne y Doctora en Comunicación Audiovisual por la Complutense- plantea, más que una recopilación de datos o un frío análisis académico, una narración con tal frescura que si por alguna razón no estuviésemos conscientes que lo que estamos leyendo es, de hecho, la historia de la ópera, creeríamos que es un cuento inventado por ella, en la que la peculiar y mutante protagonista, la ópera, va sorteando toda clase de aventuras y desventuras siglo tras siglo desde el XVII hasta nuestros días, ramificándose, evolucionando, proyectando luces para comprender más al arte y al ser humano, superándose a sí misma, transformando su apariencia pero conservando su esencia, estrenando vestidos, siendo alabada y protegida por unos y abucheada y perseguida por otros, encontrando por el camino amantes (compositores, cantantes, libretistas, empresarios teatrales, directores de orquesta, aficionados, sociedades enteras…) que con su amor la elevaban a ese nivel al que sólo pueden pertenecer las más grandes manifestaciones humanas, a su vez anclándola firmemente en el espacio terrenal, demandando su debida atención, mostrando y demostrando su importancia en la instrumentalización del alma de la humanidad.
Tal es el estilo “fabulado” o novelado de este libro, con sus metáforas curiosas pero ilustrativas, que algunos pasajes pudiéramos leérselos -cuidando la debida sintonía cómplice hacia los matices de lo relatado- a nuestros sobrinos, hijos, nietos, para compartir con ellos o introducirles el fascinante cosmos del arte lírico de una manera que podría excitarles.
La aventura comienza en los carnavales de Mantua del año 1607 en que se representó La fábula de Orfeo de Claudio Monteverdi, encargo de la familia Gonzaga, evento singular en el que los interlocutores hablaron en música. Si bien no es la primera ópera que se tiene constancia –antes ya estaban Dafne (estrenada en torno a 1598) yEurídice (1600) de Jacobo Peri, la primera perdida; la Rappresentatione di Anima, et di Corpo de Emilio de Cavalieri, estrenada en 1600 unos meses antes que Eurídice, y de la que se debate si es ópera u oratorio; y la Eurídice de Giulio Caccini de 1602-, sí se señala a La fábula de Orfeo como la primera ópera tal como se concibió posteriormente el género hasta nuestros días, resultando ser, desde el punto de vista historiográfico, la “cómoda” y prácticamente consensuada casilla de arranque de esta manifestación artística. La ópera, pues, había nacido italiana y lo seguiría siendo por un montón de años.
Laia Falcón, autora de "La ópera. Voz, emoción y personaje".
Laia Falcón, autora de “La ópera. Voz, emoción y personaje”.
A partir de aquí, la ópera vivirá multitud de vaivenes. Desde las fanfarrias barrocas de Händel y la fascinación por el timbre de los castrato, hasta Debussy, Strauss, Schönberg, Berg, Shostakóvich, Britten y Glass, la conquista de la ópera abstracta, neuronal y atonal que propulsaron las vanguardias del siglo XX, la mixtificación de montajes contemporáneos sobre títulos clásicos, la perplejidad y neblina aparentemente sin sentido de lo que llevamos de siglo XXI, y el posible agotamiento del género; pasando por las reformas de Gluck que buscaban el equilibrio musical en pro de la acción dramática en contraposición al bel canto italiano que atendía demasiado a las acrobacias y fuegos pirotécnicos vocales; continuando por los ecos que anunciaban nuevos tiempos de consciencia social que se distinguen en Las bodas de Fígaro La flauta mágica de Mozart; siguiendo por el éxito de tres italianos que sedujeron a Francia: Rossini, Donizetti y Bellini; parando a contemplar la grand opéra francesa de Meyerbeer, dejando patente cuál era la nación dominante entonces; riendo luego con las comedias absurdas y disparatadas de ese espíritu libre llamado Offenbach; asistiendo al ascenso y coronación de Verdi como la gran figura del arte lírico italiano del XIX y de todos los tiempos; conteniendo la respiración ante esa cumbre colosal del arte escénico que es Richard Wagner; observando nostálgicamente cómo Puccini, el último príncipe del verdadero arte lírico, despedía un siglo de gloriosas proezas artísticas y una manera de entender la ópera, desplegando en sus obras un canto de cisne de lo que ya no sería más…
Laia Falcón, locuaz, imaginativa y teatrera, también se detiene comentando/narrando el contexto social en que se insertan cada uno de las etapas que vivió la ópera, la importancia de géneros como la zarzuela, el singspiel, la opéra-comique, el musical anglosajón, que combinan partes cantadas y habladas. La autora asimismo reflexiona sobre la figura y el papel de la mujer a lo largo de la historia de la ópera, y el cultivo del arte lírico en otros países que durante mucho tiempo se consideraron periféricos al género, como España y América Latina, los países nórdicos y eslavos.
El lector que se acerque a este libro terminará enamorado de su protagonista, la ópera. Todo un acierto.























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5.5.15

Entrevista a Laia Falcón, en La Estantería



Laia Falcón: “La ópera es como una fiesta y el libro es una invitación a esa fiesta”

Vídeo. Laia Falcón en La Estantería. Entrevista.

Laia Falcón / Foto: Miguel Ángel Rubio

Laia Falcón / Foto: Miguel Ángel Rubio
La ópera nació como una fiesta, como el escaparate más mágico y más llamativo que el hombre pudiese imaginar.  Inundada de esa magia, del encanto de un género que le cautivó, y que creció en su vida al mismo ritmo y colorido que los rizos de su pelo, Laia Falcón ha plasmado los orígenes de la ópera en un libro que consagra aún más su carrera dentro de este mundo.


I.: “La Ópera: Voz, emoción y personaje”, es título del libro que acaba de publicar recientemente. ¿Definen esos tres términos un género como es la ópera?
L.F.: Yo creo que sí. Entre otras muchos, pero las escogí por eso. Quizás  lo que más valoro de la ópera es el modo en el que acoge al público, en el que nos habla de lo que nos interesa y nos hace de espejo. Entiendo que la ópera es como una fiesta y el libro es una invitación a esa fiesta. Como un arte que siempre va a estar ahí para acompañar. Quienes están en el escenario son realmente representaciones de nosotros mismos
I.: Hablaba de la ópera como una fiesta y con ese sentimiento es posible trasladarse hasta 1607, aquel carnaval en el que se representa por primera vez la Fábula de Orfeo de Monteverdi. ¿Qué supuso aquel acontecimiento?
L.F.: Había óperas antes, en otros contextos lingüísticos y sociales. Es verdad que en las zonas de habla italiana se fraguó con más interés. Lo que querían los artistas era conseguir un arte moderno a la altura de los nuevos tiempos. Y ese arte tenía que recoger todas las artes previas, tendría que reunir todos los lenguajes previos; la pintura, la literatura, el arte escénico, la música; en un arte más amplio y más potente. Ya había habido experimentos en otras cortes y lo que pasó en esa noche de carnaval es que con Monteverdi estrenándose como compositor en este nuevo lenguaje probablemente se asistió a la primera obra maestra de este nuevo universo artístico. Y esto lo que garantizó, probablemente que se quedase.
I.: Tenía antecedentes la ópera ya de lo que es La Tragedia griega, pero se podría decir que es en este momento cuando ya empieza a brillar este género por sí mismo…
L.F.: Antecedentes ha habido en todas las culturas, reunir teatro con música forma parte de la necesidad expresiva de muchas civilizaciones. El vínculo con la tragedia Griega se establece porque estos nuevos artistas modernos veían como las otras artes encontraban en las tripas de la tierra tesoros de la Grecia clásica y querían hacer algo con el arte de la interpretación y de los sonidos, que no habían podido ser rescatados. Los grandes actores griegos se llevaron su arte con ellos. Lo que estos artistas querían es algo que pusiese reunir poesía, teatro y música de una manera parecida a la que los admirados griegos habían conseguido. Salieron en expedición para encontrar la isla del tesoro pensando que estaba en esta dirección y encontraron este otro.
I.: La ópera llega a la ciudad Mantua, que queda sorprendida de esa novedad florentina, y quiso superarlo…
L.F.: Era una época muy parecida a la que vivimos ahora, donde era necesario encontrar una magia que insuflase de energía los tiempos en los que vivían. El Duque de Mantua había asistido a uno de estos experimentos en una fiesta previa en otra corte, lo habían arrastrado sus hijos. Y decidió que en su corte iba a hacer algo parecido, pero mejor. Contrató a su siervo Monteverdi algo parecido a lo que había visto. Estudió todo lo precedente, como un mapa del tesoro, vio lo que le gustaba, vio los puntos débiles y compuso la suya. Lo que probablemente trajo de nuevo es que la suya estaba dedicada a los hombres y a las mujeres, tendría que hablar de ellos, era una obra que tenía que emocionar. 
I.: Habla de emoción. ¿En qué momento la ópera consigue cautivarla, atraparla, hasta tal punto que nunca se ha separado de ella?
L.F.: Todo comenzó al principio, la ópera es así. Quizás voy a volver a una idea que me gusta mucho. Todas estas narraciones que reúnen muchos lenguajes en uno. La ópera es su gran abuela. Lo que estos artistas querían hacer en esta época era hacer películas, pero todavía no existía la maquinaria. Probablemente empecé a fascinarme a los cuatro años, cuando vi “Cantando bajo la lluvia” o cuando vi la serie “Fama”. Yo considero que yo me enamoré ahí de la época.
I.: ¿Cuándo fue la primera vez que asistió a la ópera?
L.F.: Cuando mis padres grabaron en la televisión los cuentos de Hoffmann y me lo pusieron en el VHS. Es una obra que habla mucho de nosotros, de nuestras rarezas, de los sueños. Yo me la ponía, aunque no entendía el texto, y me lo inventaba, me ponía a bailar por el salón… Yo considera que esta fue la primera vez que fui a la ópera.
I.: A partir de ahí comienza una carrera imparable, con multitud de  reconocimientos… ¿Podría concebir hoy su vida sin la ópera?.
L.F.: No. Sin la música, sin las palabras… Espero formar parte de eso mucho tiempo, desde la parte de la casa que me corresponda. Entiendo que la ópera es como una casa donde hay muchos gremios trabajando a la vez para que eso siga adelante. Y espero poder quedarme en la casa mucho tiempo.
I.: Si tuviera que resumir su vida con un fragmento de una ópera, ¿Cúal sería?
L.F.: A mi hay una ópera que me conmueve mucho, como a media parte del planeta, que es La Flauta Mágica. Es la última ópera de Mozart, donde se jugó el todo por el todo, en su particular tiempo de crisis. No terminaba de conseguir lo que él quería y se alió con un artista, que también estaba en su particular crisis, era Schikaneder, era una actor, había sido un galán toda su vida. Los empresarios le decían que lo fuese dejando que quizás el papel de galán ya no le iba tan bien. Estos dos genios inventaron la flauta mágica para salir de su crisis personal. Schikaneder encontró el papel de Papageno, que es un personaje que está lleno de plumas, y que es un galán y que ya no le importaba si era tan guapo, porque el disfraz lo tapaba. Sus frases eran más encantadoras que nunca. Lo que más me gusta de esta ópera es que parece que realmente está dedicada a todo el mundo. Es una galería de personajes muy distintos, pero lo que Mozart insiste en decirnos todo el tiempo es que todos son iguales. Es verdad que al principio no se reconocen porque todos son distintos, pero al final lo más importante de todo es que todos son iguales. Y eso es lo que va a llevar la historia adelante. Hay un momento muy bonito donde este personaje que va cubierto de plumas se encuentra con Monostatos y no se reconocen. Y desde el pavor más absoluto se preguntan “¿tú qué eres”? Y responde uno de ellos: “soy un ser humano como tú”. Esa frase, todavía con la Revolución Francesa fraguándose, resume todo lo que hemos venido a hacer aquí.
  • Info Acualidad.  El periódico de ciencias de la información. La estantería. 
  • Felipe Pulido. Miguel Á. Rubio. María Gómez







































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