25.11.14

Pedro González Mira, en Beckmesser, sobre La Ópera de Laia Falcón.

POR SI SE QUIERE OÍR MIENTRAS SE LEE... O DESPUÉS

El pasado día 20 de noviembre tuvo lugar la presentación de una nueva serie de libros de música. Se trata de una producción de Alianza Música, cuyo proyecto explicó su directora editorial, Valeria Ciompi, en una abarrotada sala, y en presencia de los autores de los primeros títulos, así como del director de la serie, bautizada con el nada equívoco título  ´Biblioteca básica´. Trazó aquella las líneas maestras del conjunto de libros que se presentaban, anunciando igualmente la intención de que aparezcan sucesivamente otros títulos. Así, tras los tres que ahora son objeto de este comentario, dedicados a la Ópera, el Piano y el Cuarteto de cuerda, vendrán otros referidos a la Orquesta o el Lied.
      Tras las presentaciones y agradecimientos generales, a cargo de la mencionada Ciompi y de Juan Lucas, director de La Quinta de Mahler,  un espacio cultural y tienda de discos y libros  que afortunadamente está creando un lugar propio en la ciudad de Madrid, donde como todo el mundo sabe las tiendas de discos pasaron a mejor vida, tomó la palabra Javier Alfaya, que dirige la serie. Y fue muy claro: estos son unos libros pensados para que los puedan leer gentes de toda condición, es decir desde el aficionado activo ya ganado para la causa hasta el que se lo está pensado pero que necesita un empujón para entrar en el club. O si se quiere, para que los de siempre puedan ampliar horizontes y puntos de vista y los nuevos entender algo más acerca del maravilloso –y misterioso- mundo de la creación musical.  Al final hubo un par de actuaciones en vivo, una de ellas protagonizada por Laia Falcón, autora de uno de los tres libros...


 Laia FALCÓN: La Ópera. Voz, emoción y personaje. Alianza Música, Biblioteca básica. 335 págs.

...... lo raro aquí vuelve a ser que un músico joven y en ejercicio hable de música. Normalmente esta ´tribu´ (palabra que utilizo como homenaje al ´lingüismo  desparpajeado´ de la autora, que la usa mucho y con una propiedad nada exenta de gracia) se dedica a pelearse con su instrumento o su voz y, solo al final de la carrera comienza a teorizar. Lo que en el caso de los cantantes se repite con mayor asiduidad si cabe: cuando ya la voz ´crepusculea´, comienzan las lecciones, las clases magistrales, etc., por aquello de que es bueno transmitir lo que se ha aprendido con la dura experiencia, y para hacer algo tan intangible como el manejo rentable de dos pequeños musculitos  alojados en una zona no especialmente atractiva del cuerpo humano. (Claro que un violinista o un pianista no queda exento de la contemplación de esos crepúsculos, aun siendo los dedos una parte más manejable).
 Un caso raro el de Laia Falcón, soprano, treinta y tantos años, licenciada en Piano, doctora en Comunicación y en Sociología del Arte y profesora universitaria en ejercicio. Muchas cosas para una soprano, oficio este al que las plumas perversas suelen asociar a personas que intuyen lo que hacen – música cantando-  pero no razonan lo que hacen. Pues con esta autora –ya-  de libros marran, porque  de la lectura de este ´La ópera. Voz. Emoción y personaje´  no se puede deducir semejantes no menos intuitivos asertos, ya que Falcón se lanza con fortuna a una piscina con muy poca agua (hacer un libro de historia de la ópera sin que se note), lo que poco tiene que ver con coloraturas, medias voces, filados y reguladores, auténticas  señas de identidad de los más venerables personajes del Canto. (Atención: ¿para cuándo la novelista?)
 A mí me parece que el libro hace confluir bien las dos vocaciones que lo han generado: la editorial, el encargo de ser un libro básico, no para especialistas, y la puramente creativa, entendiendo esto último como acto de disfrute volitivamente controlado. O dicho en cristiano: se percibe con meridiana claridad en él que la autora disfruta y se cree lo que dice; que es perfectamente consciente de a qué público se está dirigiendo, y que para ello no necesita forzar nada. La narrativa es, así, de una sana naturalidad, lo que ayuda a comprender las cosas sin saber de antemano mucho acerca de ellas. Claro, este modo de operar podría conducir perfectamente a una  explicación divulgativa sin mayores matices, pero eso es algo que no sucede porque lo que se cuenta en el libro, siendo una  (divertida) deconstrucción de la propia historia, es correcto y acertado; no se fuerza lo sucedido en la realidad, y a pesar de que para decirlo se usa un lenguaje poco especializado, lo  dicho es cierto. O de otra manera: cuando se dispone de poco espacio para decir algo que para ser bien dicho se requiere mucho, el peligro a incurrir en la banalidad, acecha. Y eso no sucede en este libro, en el que Monteverdi no pierde la cara;  Lully,  el cuerpo;  Haendel, la voz;  Mozart, el corazón, o Verdi y Wagner la hondura del teatro y la música. Por citar algún nombre que suene.  Un libro de historia de la ópera, aunque pueda no parecerlo. Un libro para que quien no sepa de qué va el circo de la ópera, se entere de cuándo, cómo y  por qué sucedieron ciertas cosas. Y quiénes fueron los responsables de que ocurrieran. Y, también, hasta cuándo y en qué condiciones es previsible que sigan ocurriendo. Lo que es muchísimo, y, por decirlo en tono musical subjetivo, al leerlo a uno le da la impresión de estar ante una singular síntesis, producto más que de una lectura, de una escucha. Palabras que forman conceptos e historias, que más parece que a uno se las estén cantando y no diciendo. Sí; una cosa así es posible. Se puede escribir como quien canta, y les aseguro que Laia Falcón lo hace muy bien. Su Song of Black Max, de William Bolcom, que nos ofreció al final de la presentación, fue una gloria. Y es más, hay que escuchar su Ravel, su Villa-Lobos y, particularmente, su espléndido Shostakovich.

















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