2.12.11

Lady Macbeth de Shostakóvich

EN EL TEATRO REAL


Pablo Falcón


La voz y la música sostienen la velada. Eva-Maria Westbroek y Shostakovich. Las voces y los músicos.
Lo demás: ¿cuánto y para qué? 
Evocando el sufrimiento de aquel destape españolito hortera y un osvamosadejarasombrados, ahora en el Real y con cuarenta años de retraso en cuerpos y época teatral de Madrid; me parece que los despilfarros escénicos usados resultan inoperantes e indican ciertas dificultades de definición: Por ejemplo, ¿para qué el manoseo redundante y sobre-explícito de una señora mayor, frente a la púdica ocultación de la violencia de un amo sobre un esclavo-empleado?
 Y de la puesta en escena a la obra en sí misma: ¿Para qué someternos a la representación de unos personajes tan mezquinos y miserables entre bastidores de terracilla de PVC?¿Para qué resaltar el alcoholismo como modo de descubrimiento de cadáveres y  la  facilidad del asesinato por sexo?  ¿O quizá de aluminio? ¿Todo lo que le guste o no le guste a los dictadores ha de seguir  gustando o no gustando? ¿Se puede seguir hablando de la dictadura de los escenógrafos o la de los gerentes? 






















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